jueves, 21 de noviembre de 2019

Si estas 2 líneas en tu palma coinciden, eres muy especial.


¿Sabes que las líneas rojas que se muestran en la imagen de arriba se llaman líneas de matrimonio y te informan sobre tu vida amorosa?
  • La línea para zurdos es más alta
Si la línea en su mano izquierda es más alta que la línea en su mano derecha, esto significa que usted es un luchador en lo que respecta al amor. Eres el tipo de persona que adora un desafío cada vez que se presenta.
Te gusta ser agresivo cuando se trata de reclamar lo que es legítimamente tuyo y no tienes problemas para eliminar lo que se interponga en tu camino para obtener ese tipo de amor apasionado y ardiente que tantos están buscando.
Esto también generalmente significa que las personas que tienen la línea más alta en el lado izquierdo de la mano son extremadamente hermosas o guapas.
  • La línea derecha es más alta
Si la línea en su palma derecha es más alta que la de su mano izquierda, esto generalmente significa que usted es alguien que tiene un alma muy vieja.
Usted es el tipo de persona que podría casarse con alguien que es mucho mayor que usted y que son muy buscados por las personas mayores en general.
También tienes una tendencia a no jugar según las reglas tradicionales cuando se trata de ser “normal”. Prefieres tener las cosas un poco extrañas o un poco más extrañas de lo que la mayoría de la gente usa.
Sin embargo, también te encanta ver el tipo de personalidades que cada individuo puede brindarte y no te gusta andar por las ramas cuando se trata de decir la verdad.
  • Ambas líneas están perfectamente alineadas
Si ambas líneas en cada una de sus palmas se alinean perfectamente en el centro, entonces esto significa que usted es el tipo de persona que tiene uno de los corazones más puros. Gentil en todas las formas posibles, le das a las personas una razón para tener fe en la humanidad.
Con su buen sentido común y cuán sensible puede ser, tiende a ser una de las personas empáticas más increíbles que todos buscan cuando se sienten deprimidos de sí mismos.
Cuando se trata del matrimonio, usted es el tipo de persona que se casará con alguien aceptado por cada persona que conozca.
Más artículos en TONGA RAMONE!

miércoles, 26 de junio de 2019

CAMINANTES


La propuesta 125 aniquiló todo intento de unión entre los argentinos. Nos partió al medio. Nos separó. Nos convirtió en fanáticos. Nos hizo ciegos, sordos y mudos. Boludos. La grieta se originó allí, allí se quedará, hay que aprender a convivir con ella.
Callejeros toca en Mar del Plata, me queda cerca entonces compro la entrada y saco los pasajes de ida y vuelta con tiempo para asegurarme el lugar. Minha y Lula hacen lo mismo. Nos conocimos hace algunos meses, en otro recital de la banda de Villa Celina, en Olavarría, la tarde que un Pato feliz dijo “Hola Varría”, le festejamos el chiste malo porque a quien está sobre un escenario se le celebra todo.
¿El problema?
El campo está de paro. Colocaron camiones que cortan la ruta y no pasa nadie, de pedo si dejan pasar al viento.
Son unos hijos de puta. Los campesinos y los del gobierno.
Me tiro en la cama con bronca. Puteo a la democracia y pienso en cómo salir a poner bombas sin que me descubran. Minha y Lula están en la terminal. Me llaman, me dicen que a lo mejor sale un colectivo, que no baje los brazos, que vaya con ellas a esperar así al menos estamos juntos, la gente mete presión, quieren viajar, la idea es salir a ciegas y ver qué pasa, las chances de llegar de esa manera son remotas, la gente lo sabe, pero en los renglones de arriba mencioné la palabra “fanáticos”, un ser así o llega a destino o su existencia carece de sentido.
Arribo a la terminal, el panorama es perturbador. Las ventanillas de las empresas están cerradas. La gente camina, aplaude y se queja en la oficina de informes ante una joven que no sabe ni entiende un carajo. Se encoje de hombros como ninguna. Los pocos micros que hay están rodeados, apenas se abra una puerta van a subir, van a tomarlo, secuestrarlo y partir a destino. Otros resignados lloran en los banquitos. Toca el Pato la concha de tu madre, y no voy a poder ir, escucho a mis espaldas el reclamo de alguien a otro.
Minha es un poco más grande que nosotros, tiene un poco más de noche, más vida que se traduce en una agenda telefónica con más contactos. Nos dice en voz baja que consiguió de pedo al amigo de un amigo que tiene un tío que debe pagar un crédito de no sé qué, es un taxista que nos llevará en auto, pero que tenemos que tomarlo de manera camuflada, cualquier cosa que tenga ruedas es motivo para el motín.
El chofer se llama Hugo. Nos dice que estamos locos, que si Dios está de nuestro lado, a lo sumo, solo podrá llevarnos hasta Balcarce, y que desde allí estamos en manos del destino. Pero nos cuenta su historia, mediado de los ’70, él y dos amigos viajan hasta Brasil en un Fiat 600 para ver a una banda internacional de la que desgraciadamente no recuerdo el nombre. Recuerda su viaje con entusiasmo y sonrisas pícaras que lo remiten al momento. Cada tanto pequeñas barricadas nos impiden el paso, algunas son numerosas y debemos acudir a la lástima, las chicas muestran las entradas, yo muestro el tatuaje, se apiadan y nos permiten el paso. Otras veces son pocas personas, tres gauchos tomando mates con dos gomas en la ruta a los que no nos cuesta intimidar mediante vulgares y frívolas amenazas.
Hugo se va entonando con nosotros, a lo primero nos puteaba diciendo que le iban a dar vuelta el auto, que quién mierda me manda a mí a hacer esto, pero nos veía ir superando obstáculos y todo su ser rejuvenecía, “de no ser por ustedes estaría tomando mates con mi mujer mirando la tele”, nos dijo en el corte previo a Balcarce, donde tuvo que bajar a colaborar con los empujones porque la discusión dialéctica había llegado a su fin y solo nos quedaba utilizar la fuerza física para poder pasar. Minha es más de putear, Lula se arremanga y boxea, yo empujo y corro las gomas y las latas con fuego como puedo al grito de “dejanos pasar hijo de puta”, Hugo desciende del vehículo con un palo de esos que usan los taxistas para defenderse llegado el caso, si no vi mal hasta llevaba algunos clavos en su extremo, dice algo parecido  a “la concha de su hermana”, pasamos, Lula abre la ventanilla, saca la mitad de su cuerpo con el auto a más de cien kilómetros por hora y les grita un furioso “aguante Callejeros putos”, Hugo toca la bocina. Gritamos solos dentro del vehículo la victoria, es un gol sobre la hora, no es un gol para campeonato, es de esos goles que te dan una vida más en la lucha del descenso, pero gol al fin carajo.
Minha saca para festejar una petaca barata de algo oscuro, le da un trago ella, luego Lula y la pasa hacia adelante, bebo, le ofrezco a Hugo.
-Si, dame – dice resignado – Se va a la puta que lo parió.
¿Quién se va a la puta que lo parió?
La vida, el destino, las normas, los mates con su mujer mirando televisión, todo se va a la puta que lo parió, al aburrimiento, la rutina, ese crédito que debe pagar, toda la puta vida se va a la puta que lo parió, el presente es ahora, venimos de superar una proeza histórica, esto es la felicidad, esto es el momento, esto es vivir.

Balcarce es la muralla China. Los Chinos son infinitos dice un amigo. Mucha gente. Pesados, muchos camiones. Por acá no se puede pasar. No al menos en un vehículo, a pie es otra cosa. Saludamos a Hugo como si fuese un amigo de toda la vida. Este viaje nos convierte en socios eternos, él en algún momento contará la historia sobre tres locos que iban a ver una banda de rock, y nosotros hablaremos de él como el tipo que nos ayudó a llegar. Sabemos que no vamos a volver a verlo. No sabemos su apellido. Nada. Nos palmea la espalda y nos pide que nos cuidemos. Da marcha atrás y lo vemos partir, toca la bocina al mismo ritmo que lo hizo en una de las barricadas que superamos. Levantamos los brazos para despedirlo, con los puños cerrados porque estamos haciendo la revolución.
Comenzamos a caminar. Los camioneros no suelen ser muy delicados con las damas, en esa época los pañuelos verdes ni arrimaban, no existían. Del comentario de la manzana y el champagne para arriba les decían cualquier cosa. Minha tenía miedo, dentro de todo era de los tres la que más o menos pensaba, Lula les respondía con concretos “pito corto” o “impotente de mierda”, superado el tramo de los camiones la ruta se convirtió en la nada misma.
Boca de lobo.
Oscuridad y frío.
Lluvia.
(Sin lluvia, insisto, no hay épica)
Perdimos la noción del tiempo. Desconozco si caminamos tres, cuatro o cinco horas para cuando Minha se largó a llorar. Lula caminaba conmigo más adelantados, íbamos abrazados, con los codos enganchados, inconscientes, delirando con qué tema abriría la banda el show. Con Lula había quedado buena onda desde el concierto en Olavarría, tiene una hija, en ese entonces pequeña, que dejaba al cuidado de una vecina porque no tenía otra familia, era una “mamá luchona” sin el llanto ni la lástima, era mimosa cuando necesitaba cariño. Pagaba el amor con sexo.
Minha está sentada en el medio de la ruta. Llora. Nos dice que somos dos pendejos de mierda, que ella ya está grande, que mañana tiene que trabajar, que no pasa un auto hace mil horas y que no nos importa nada.
No es que la convencimos de seguir el camino con estímulos nefastos como “falta poco”, o el mentiroso “ya casi llegamos”, se incorporó y retomó la macha básicamente porque quedarse quieta en un lugar así no era mucho mejor plan.
 Un rato después (¿par de horas?) un Falcon sin luces y sin patente aparece de la nada a nuestras espaldas, clava los frenos chillando, lleva las ventanillas bajas y la radio encendida, el informativo dice algo sobre la normalidad. Un flaquito de remera y gorrita nos pregunta cual es nuestro destino. Se sorprende cuando le decimos a donde vamos, y nos dice que estamos locos cuando le decimos de dónde venimos. Me obliga a subir adelante, las dos chicas van en los asientos de atrás. Las ruedas vuelven a chillar, como en los dibujos animados largan humo y el auto sale desenfrenado. Lula se asoma por el medio de los asientos delanteros y pregunta si está todo bien. El flaquito se acomoda la gorra y dice que sí. Yo pienso que ya es tarde para todo. Si quisiera meterme un balazo, dejarme tirado allí y violar a las damiselas, podría hacerlo sin testigos, ni nada. Inclusive es hasta poca la gente que sabe que estamos acá, para el común de los mortales estamos en la terminal esperando que se levante el paro. Pienso que si a él se le ocurre hacer un movimiento extraño como cambiar la estación de la radio o tratar de abrir la guantera, me veré obligado a tirarme sobre el volante y hacer volcar el auto y que sea lo que Dios quiera.
Pero “a la gente solo la ayuda la gente”, y el flaquito de gorrita y remera nos llevó hasta la puerta del polideportivo donde sería el show. En el camino nos contó parte de su historia, nos dijo que trabajaba como peón en un campo de por allí, y que su patrón estaría furioso por la demora, Lula le pregunta si no le van a hacer nada, y el pibe se enoje de hombros con una sonrisa. Nos sobró tiempo y todo para mirar las remeras del merchandasing oficial de la banda. Al pibe le dejamos un faso como parte de pago, la denominada “bomba”, y como en las series yankies de Nueva York le golpeamos el techo como a los taxistas, se fue, no frenó en el semáforo y tocó bocina al doblar la esquina.
Estamos sumergidos en una de esas películas de carretera, donde los protagonistas se cruzan con diversos personajes que le van enseñando cosas. Hugo nos enseñó que la juventud puede llegar a ser eterna, el flaquito (y su auto) que las apariencias engañan. Me pregunto si nosotros les habremos dejado alguna enseñanza a ellos.
Del show no sé qué decir. Muchos de los que tenían plateas saltaban al campo. La seguridad se vio desbordada y tuvo que permitir que la gente haga lo que tuviese ganas. No aprendimos nada. No recuerdo con qué tema abrieron, todavía no habían sacado “Suerte”, por ende no sé con cual cerraron. Fito Paez dice que  “lo importante no es llegar, lo importante es el camino”, “tu esqueleto te trajo hasta aquí”, canta Solari. Llegué a destino, llegué a la Meca, y como recompensa me llevo en mi mochila algunas historias y millas para mis zapatillas.
A la salida comimos un dudoso choripán, los alarmistas dirán que estaba medio crudo, los que ven el lado positivo que estaba medio cocido, le realidad es que teníamos hambre y lo comimos compartiendo un vaso de Coca Cola con un exagerado nivel de hielo. Lula se lo hizo saber al vendedor y de onda nos llenó el vaso por segunda vez.
-Es puro hielo, somos tres – lo convenció.
Conseguimos un hotel barato cerca de la Vieja Terminal de Mar del Plata. El sereno no nos tomó ningún dato, seguro se quedó con nuestro dinero sin rendírselo a su jefe. Habrá pensado que estaríamos poco tiempo, que solo queríamos enfiestarnos en un trío sexual y nos iríamos, pero no, nosotros queríamos dormir y desayunar, antes meter una salida en el bar de Piluso, un antro Stone al que no volví a ir, pero al que recuerdo con el mayor de los cariños.
El tiempo y el olvido hacen que ese bar sea cada vez mejor.
Minha dice que está cansada, solo salgo con Lula.
Una cerveza, después otra, debemos bajar la calidad del producto para poder tomar más. De Quilmes mutamos a Palermo. Nos ofrecen una Diosa, pero tenemos nuestros límites. Ella se para para bailar “Rock del gato”, no puedo permitir que le vean mucho tiempo, para demostrar que está conmigo me le acerco y la arrincono contra una columna. Ella vislumbra mis intenciones y lo permite. La beso. Ella sigue bailando. Sus movimientos pélvicos me rozan. Sus labios saben a cerveza fría, su lengua a tabaco, su cuello a sudor, pero es una princesa. Sus dedos se entrelazan con los cabellos de mi nuca, sus ojos están cerrados. Comienza el solo de guitarra de la canción, ella grita un agudo “iiiuuuhhhh” y eleva el vaso plástico de cerveza con emoción, me mira, sonríe, me besa sin dejar de bailar, con el vaso en lo alto, como símbolo de victoria.
En este momento nos amamos.
Somos la Flaca Pili y el Negro Tomás de la canción de los Guasones.
El amor no debe tener glamour más allá de lo que las circunstancias ameriten. Se hace amor con lo que está al alcance, sin exageraciones ni mentiras o falsas promesas, como dice una cumbia por ahí. Es amor una mirada, una mueca, una canción dedicada, una frase escrita con bic sobre la mesa de madera. En este mundo el amor es ofrecer el último trago de cerveza de la botella.
Borrachos salimos a la calle. Borrachos de carnaval canta Javier Calamaro. No recordamos en qué hotel estamos hospedados. No tenemos créditos en el celular para llamar a Minha. Ingresamos a dos o tres y pedimos la llave, pero no es allí. En uno ni siquiera nos abrieron la puerta. Somos dos pordioseros alcoholizados. Finalmente dimos con el hospedaje. Lula le cuenta lo acontecido al sereno.
-Son cosas que pasan – nos dice el viejito.
No tenemos la llave de la habitación. Minha duerme. No podemos despertarla y Lula se enoja y patea la puerta gritando “abrime hija de puta”, Minha, lejos de mantener la calma abre y grita “sos boluda, me estaba bañando, no ves que la gente duerme”, es genial.
La gente ya no duerme. Algunos abren las puertas y asoman su cabeza para ver que está pasando, “saca la cabeza para espiar mejor” canta Pato.
Adentro la discusión continúa. Pelea de mujeres. No quieren dormir juntas en la cama doble porque están enojadas, pero Minha tampoco quiere moverse a la cama simple. Lula tiene que acomodarse junto a mí en la cama de una plaza. Se coloca detrás apoyándome sus pechos, están duros por el frío. Sus manos me acarician el pecho buscando calor, besa mi cuello, su mano baja y me obsequia el mejor “Hand Job” de mi vida mientras me pide que guarde silencio mediante un suave y sensual “sshhhh”.
Final feliz para todos, al menos para mí.
Suena la alarma, estamos a punto de perder el colectivo, faltan pocos minutos para las siete de la mañana. Minha nos mira mal, nos dice que somos dos desubicados, que ella tarda en dormirse y que no es boluda. Nos despedimos del sereno, todavía está allí. Estamos, por suerte, cerca de la terminal pero para sorpresa nuestra ahora hay un paro de transporte de larga distancia. Para un escritor esto es tener los planetas alineados, porque es una anécdota detrás de otra, pero la gira ya nos estaba pasando la factura, todos queríamos estar en nuestras casas. Minha vuelve a llorar porque no va a poder llegar a su trabajo, dice que el “Gordo” la va a despedir. Lula sigue borracha buscando pelea con cualquiera que la mire y a mí me duele la cabeza y tengo hambre. No tenemos plata y parecemos tres linyeras. El hotel estaba pago, en teoría, hasta las diez de la mañana e incluía el desayuno. Allí fuimos.
El sereno ya no está.
No figuramos en la lista de pasajeros.
El sereno durmió a su jefe y eso generó que no nos dieran el café con leche con las dos medialunas dulces. Lula se putea primero con una camarera y después con el conserje.
-Te falta rock & roll hijo de puta – le grita desde la vereda ante la mirada azorada de una anciana que lleva en una mano su changuito de compras.
-Buen día señora – saluda Minha tratando de simular normalidad.
Yo tomo nota mental.
Varias horas después la medida de fuerza se levanta, nos cambian los pasajes y podemos regresar. Minha se desmaya en su asiento. Lula me pide sentarse del lado de la ventanilla pero apoya su cabeza sobre mi hombro. Yo acaricio su muslo y nos miramos. Me sonríe y se acurruca para dormir.
Pasaron los días.
Cobos dio su voto no positivo.
Pasaron los meses.
Minha se casó y engordó varios kilos.
Lula se fue a vivir a Miramar con su hija.
Pasaron los años.
A mi comienza a pesarme la mochila y necesito vaciarla escribiendo estas historias, que no tienen metáforas ni moralejas, pero en un mundo minado de falsedades y traiciones son, al menos, reales.

(De "FUIMOS", Auto Biografía del Empresario Rocker . Tomo I)

Pueden leer más desde AQUI!

lunes, 27 de mayo de 2019

UNA GORDA CON LA REMERA DE BERSUIT


Pagamos caro un hotel muy barato frente a la vieja estación de la Feliz.
No es la primera vez, el Punga ya nos conoce, siempre vamos al mismo hotel, pedimos la misma habitación, nos recibe con simpatía porque es todo lo que tiene para ofrecer. El agua caliente sale a cuenta gotas, la televisión se ve con lluvia, el desayuno es de dudosa procedencia, el resto de los huéspedes parecen estar ocultándose (¿escapando?) de algo, las camas hacen ruido, los colchones son finos, la ventana da a un patio interno lleno de chapas, maderas y los soretes del perro que vive allí, el inodoro despide aromas cloacales y la mucama es una paraguaya que por cien pesos te hace un pete.
Mosquita se baña luego de fumar porque dice que lo ayuda a bajar. Tenemos una larga noche por delante, hay previa, show y putas. Parece demasiado para dos simples mortales que sin saberlo están arruinando sus vidas.
Lo escucho putear porque el agua sale fría. Hago malabares con la tuca para no quemarme mientras con la otra mano acaricio la nuca de la mucama, como si fuésemos novios y mediante esa caricia tratara yo de apaciguar su dolor, mintiéndome a mí mismo, en pleno trance por la cannabis pienso que se puede engañar a la soledad por algunos minutos. Mientras se limpia la boca con su lengua y el puño de su buzo me dice que quiere ser actriz, que a veces participa de castings. Se mira al espejo y también debe limpiarse una mejilla. A veces me falla la puntería.
Dos desahuciados jugando al amor.
Salimos temprano porque el bar abre temprano. Un antro de la zona, minado de rolingas, con un micrófono abierto con una guitarra para quien guste entonar alguna canción. Luego de algunos tragos me le animo e interpreto Legalícenla de Viejas Locas. El público presente deja pasar por alto los errores y las desafinaciones, alzan sus porros y cantan con emoción, incluso corean el solo de guitarra, yo cierro mis ojos y siento estar tocando en Obras o Cemento.
Son energía pura.
Me palmean la espalda y me felicitan cuando bajo del precario escenario. Sube a cantar una minita canciones de Calamaro, tiene el pelo corto y cachetes rosados. Todos los presentes la deseamos, sus caderas son prometedoras, pero ella tiene la seguridad que ninguno intentará nada, es de esas chicas inalcanzables para energúmenos como nosotros. Ella lo sabe, sus amigas lo saben, lo sabemos. Ni lo intentamos. Simplemente la escuchamos.

Los Gardelitos tocan en el culo del mundo. SUM es un galpón, preguntamos cómo llegar, nadie sabe, ni siquiera conocen el lugar, finalmente damos con un rastafari que nos indica el camino. Hay poca gente, el show es bueno, una catarata de hits, Eli tira la púa y yo la agarro, voy a hacerme un collar con ella. Gasté todo mi dinero en el bar, no tengo ni para el colectivo de regreso, Mosquita debe pagarlo.
El Privado es por fuera una casa normal en pleno barrio residencial, tiene piedras en su fachada, una reja, la vereda está limpia. Tocamos timbre. La Madama es una piba joven, viste una tanga que combina con su corpiño, va fumando un pucho por la mitad, tiene tacos altos. Apenas abre la puerta, nos observa, escupe el humo y nos hace pasar. Nos informa que solo tiene a una chica disponible, que ella quedó a cargo hasta que regrese el jefe y que por ese motivo no puede presentarse como oferta. De todas formas yo no tengo dinero, Mosquita dice que quiere los servicios por media hora, paga y se dirige a esperar a la habitación.
La Madama me ofrece un cigarro. Le digo que no fumo tabaco. Me dice que el faso no es gratis. Ella toma vino mientras mira la repetición de una novela chilena, pongo atención y es evidente que su tonada es de esos lugares de Sudamérica.
Mosquita sale antes de cumplirse el tiempo. Se despide frío de la Madama. Una vez en la calle le pregunto si la minita estaba buena.
-No – me dice con concretos signos de enojo – Era una gorda con una remera de la Bersuit.
En el hotel el televisor no anda, la ducha es un martirio. Se escuchan las peleas de los demás pasajeros y al perro que ladra por cualquier cosa. Aun así me duermo.
El desayuno, en estas condiciones, es un manjar. Café con leche libre, más dos medialunas dulces y una panera con tostadas. La misma paraguaya que es mucama también es camarera. Vestida de camarera es mucho más bonita, sus cabellos sueltos resaltan sus facciones, el pantalón ajustado la favorece, lo mismo que la remera; de mucama lleva el pelo atado y ropa suelta. Me mira y sonríe con timidez cuando le pido una segunda taza de café con leche.
-Más café que leche – le digo y se sonroja al oír la palabra leche.
Cuando se retira le miro el culo y me veo obligado a pedirle cien pesos prestados a Mosquita, él sigue enojado porque siente que por la noche lo estafaron. Me los presta.
Esta vez debo correrle el pelo que cae sobre su rostro y sostenerlo. Me pregunto si será feliz. Cuando termina le digo lo que voy a hacer con mi vida, tocar con la banda y pintar cuadros. Le digo que voy a volver a buscarla pronto y me dice que sea rápido, porque apenas junte plata se va a ir a Capital porque allá  hay más trabajo y chances de ser actriz.
 Ahí estamos, dos soñadores luchando cuerpo a cuerpo contra sus propios fantasmas. Confesando sueños que no habrán de cumplirse nunca.
Le pregunto si puedo besarla y se niega con culpa.
Nos abrazamos unos segundos.
Al final del camino no puede disimularse la soledad.

(Texto de "FUIMOS, las memorias del Empresario Rocker")

Más material en TONGA RAMONE!

viernes, 24 de mayo de 2019

Cannabis: la ruleta rusa de los trastornos mentales.


El cannabis no solo es la droga ilegal más consumida, sino que también es una de las drogas a las que más mitos rodean sobre sus efectos en la mente y el cuerpo. El Observatorio Español de la Droga y las Toxicomanías indica que la edad media de consumo está comprendida entre los 14 y 15 años.
Las últimas investigaciones científicamente contrastadas han demostrado que su consumo habitual provoca cambios estructurales en el tejido cerebral. Produce, entre otros aspectos, importantes alteraciones que conducen al deterioro de la memoria, atención, percepción, coordinación y concentración.
Dichos cambios cerebrales se traducen en un empeoramiento del rendimiento personal, social y laboral, con afectaciones emocionales y físicas. Muchas personas consumen la sustancia porque les facilita relajarse, evadirse, sociabilizar, experimentar o divertirse. La otra cara de la moneda es que esta sustancia puede ser la puerta de entrada a importantes alteraciones mentales como la psicosis o la ansiedad.
«La marihuana causa amnesia… y otras cosas que no recuerdo».
-Woody Allen-

¿Medicina o droga?

El cannabis sativa es una planta que contiene más de 400 componentes químicos, de los cuales se conocen al menos 60 cannabinoides. Los tres cannabionides más importantes son el THC, CBD Y CBN. El delta-9-tetrahidrocannabinol (THC) es el psicoactivo principal del cannabis, se encuentra en los brotes florecidos, y en menos cantidad, en las hojas.
Actualmente, con las técnicas de cultivo y la selección genética, se han obtenido plantas con mayor concentración de THC, pasando de un 2-5% hasta un 20%.



 Los efectos psicoactivos comienzan pocos minutos después de haber fumado y duran 1-2 horas, aunque el THC permanece largo tiempo en el organismo (pudiendo detectarse incluso un mes después en consumidores crónicos).
Algunos efectos secundarios son la disminución de la memoria a corto plazo, sequedad en la boca, rojez en los ojos, alteración en la percepción, alteración en la capacidad motriz o aumento del apetito, entre otros. Una persona que consume cannabis puede desarrollar adicción y, como consecuencia, experimentar diferentes estados mentales y físicos.

Intoxicación

Los efectos agudos del cannabis son muy variables y dependen de la dosis, del contenido de THC, de la proporción THC/CBD, de la forma de administración, así como de la personalidad, de las expectativas del sujeto y del contexto en que consume.
El consumo de cannabis generalmente tiene dos caras. Puede producirse una fase inicial de estimulación – con euforia o bienestar- y posteriormente una fase donde predomina la sedación -con relajación y somnolencia-. En algunos sujetos, especialmente en consumidores esporádicos o tras dosis elevadas, puede aparecer ansiedad, disforia, síntomas paranoides y/o pánico.

Dependencia

Se caracteriza por un deseo intenso de consumir, una pérdida de control sobre dicho consumo (por ejemplo, intentar consumir menos y no ser capaz), necesitar la sustancia para realizar alguna actividad (por ejemplo, dormir) o llevar a cabo un despliegue de conductas destinadas a obtener la sustancia y consumirla. La persona comienza a sentirse ansiosa si no fuma, con cambios del estado de ánimo y el sueño. Si alguno de estos elementos está presente nos encontramos frente a la adicción.

Abstinencia

Cuando el consumo ha sido intenso y/o prolongado, especialmente en consumidores regulares, la sintomatología que aparece ante el cese de consumo implica: irritabilidad, rabia o agresividad; nerviosismo o ansiedad; dificultades para dormir; pérdida de apetito o peso; intranquilidad; ánimo deprimido; dolor abdominal, espasmos, temblores, sudoración, fiebre, escalofríos o cefalea. Esta sintomatología se describe en más del 50% de los consumidores intensos y en el 15% de los consumidores regulares.

La lotería de la vulnerabilidad genética

Es habitual pensar que las consecuencias mencionadas son casos aislados, «Esto no me va a ocurrir, a mí me sienta bien«, pero en el consumo de drogas la vulnerabilidad genética juega un papel muy importante. Hay personas que tienen un mayor riesgo de desarrollar adicciones y enfermedades mentales debido a su carga genética.

Algunas personas son más propensas a padecer ciertos trastornos mentales debido a sus sistemas nerviosos y neuronales, componentes genéticos, experiencias vitales y tipos de personalidad. Así mismo, existen trastornos psicóticos que pueden permanecer «dormidos» y detonarse con el consumo de drogas.
Nadie nos asegura cómo va a ser nuestra reacción ante la próxima calada de marihuana. Consumir drogas es decisión de cada uno y asumir sus consecuencias también. Podemos ponernos una venda en los ojos pero la realidad que se contrasta cada día es que el consumo de drogas altera nuestros estados mentales, emocionales y físicos.
«Sencillamente me convencí de que por algún misterioso motivo yo era invulnerable y no me engancharía. Pero la adicción no negocia y poco a poco se fue extendiendo dentro de mí como la niebla».
-Eric Clapton-

Malos viajes

Es frecuente encontrar páginas de internet, artículos y asociaciones que defienden el consumo de cannabis por sus «funciones terapéuticas» o sus «efectos beneficiosos para la salud». Entre estos efectos se nombra su efectividad para aliviar el dolor y su capacidad relajante.
Existen muchos movimientos sociales a favor de la normalización y legalización de la sustancia. Pero se debe tener en cuenta que el consumo de la planta en cualquiera de sus formas no es deseable. Los supuestos efectos positivos, en comparación con sus consecuencias patológicas, no justifican su consumo.
El hecho de que la planta posea un principio activo con posibles resultados beneficiosos, y que la investigación clínica y farmacológica lo observe como una opción terapéutica en algunos pacientes -aislando dicho principio activo y controlando su dosis y concentración-, no quiere decir que el consumo de cannabis sea beneficioso por sí mismo.
Los efectos de una intoxicación patológica, o lo que se conoce como «malos viajes», puede llevar a experimentar síntomas de ansiedad,despersonalización o desrealización, intenso pánico, sensación de muerte, síntomas paranoides, alteraciones motoras, sensación de parálisis, o alteraciones sensoperceptivas como ilusiones o alucinaciones visuales transitorias.
Algunas de las manifestaciones clínicas asociadas al consumo del cannabisson las siguientes:
  • Ansiedad: es frecuente la aparición de sintomatología ansiosa y/o trastornos de pánico tras el consumo mantenido
  • Depresión: se incrementa el riesgo de desarrollar trastornos depresivos e intentos de suicidio
  • Trastorno bipolar: puede favorecer la aparición de síntomas psicóticos, inducir fases maníacas y aumentar el número de recaídas
  • Síndrome amotivacional: pérdida de energía, desgana, apatía y déficits cognitivos
  • Deterioro cognitivo: enlentecimiento y pérdida de capacidades de: reacción, percepción, memoria, resolución de problemas, concentración, atención, etc.
  • Psicosis: hay estudios que demuestran que consumir marihuana multiplica por dos la posibilidad de sufrir un brote psicótico. Pueden producirse trastornos psicóticos de corta duración, pero también pueden desarrollarse psicosis prolongadas y crónicas. Se ha observado que el consumo de cannabis es muy prevalente en los sujetos con trastornos mentales graves como la esquizofrenia.
  • Flashback por cannabis: revivir experiencias presentadas durante la intoxicación sin haber consumido.
  • Delirium: es una reacción transitoria que se caracteriza por delirios, temblores, agitación, miedo, sueño profundo, alucinaciones, etc. es poco frecuente pero está relacionado con el consumo de dosis altas.
  • Efectos sobre el sueño: el THC induce sueño y altera el patrón sueño-vigilia.
  • Efectos sobre la conducta alimentaria: en consumos esporádicos el apetito aumenta, pero en consumos continuados puede producirse una disminución del mismo. Además, el consumo de cannabis favorece el acumulo de grasas.

Lo que nos espera tras el consumo de drogas no lo sabemos ninguno, los trastornos mentales se presentan sin avisar, y hay viajes en los que no existe billete de vuelta. Las drogas son la mayor cadena de destrucción. Empieza cuando no te valoras a ti mismo, termina cuando te llevas a todos los que te quieren contigo, al abismo.
«Toda adicción surge de una negativa inconsciente a enfrentar el dolor y salir de él«.
-Eckhart Tolle-

FUENTE: AQUI!! 

lunes, 22 de abril de 2019

LA PARED



Me sostiene la pared.
La misma pared que huele a humedad y orina y necesita pintura, evita que me caiga al suelo, un suelo minado de colillas de cigarros y tucas, restos de azúcares pegados de antiguos tragos que se volcaron, manchas de sangre menstrual y de heridas, heridas auto infligidas y otras no tanto.
Alzo la vista.
Al fondo está Charles besándose con su novio. Lo hacen como supongo deben hacerlo en Francia, con exceso de lengua. Charles usa barba. Su novio no. Sus lenguas parecen dos serpientes entrelazándose, si tuviese en mi vista la capacidad de hacer un zoom estoy seguro que la saliva caería formando un hilo que moriría en el suelo para mezclarse con otro tipo de viscosidades, sus manos no se quedan quietas y juegan por dentro de las ropas del otro.
Pico marca un arreglo con el redoblante de la batería y yo cambio de acorde.
Mosquita se olvida de cantar. Canta la gente. Hasta pareciera que eso estuviese ensayado. La gente canta y salta, sus pies pisan un suelo plagado de líquidos varios y difusos. Puede que eso que chapotea sea cerveza o vino blanco, también hay grumos de vómitos que no parecen intimidar a nadie.
Giro mi cabeza. Cambio de panorama.
Lara canta a los gritos cerca de mí. Estamos cara a cara. Abre sus brazos y sacude la cabeza. Sus pelos me acarician las mejillas. En su mano derecha sostiene un porrón de cerveza tibia y sin gas, en la izquierda un porro apagado. Me hace el aguante entonando el estribillo con sentimiento.
“Hoy vi a tu hermana llena de sangre, la habían violado por vigilante”.
Lara es mi amiga, todos creen que cogemos, pero no. Acerca el porro a mi boca, se me cae la púa, todo suena difuso por uno segundos hasta que Cindia la recupera, la alza como si se tratara de un trofeo, la muestra a los presentes, todos saltan con la púa en alto, me la devuelve y todo continúa como si nada. En el punk se perdonan este tipo de inconvenientes.

Cindia tambalea, su cuerpo choca con otros en el medio del pogo y eso impide que se caiga, pero se aleja demasiado del caos y sus piernas se vencen. Primero chocan contra el suelo sus rodillas, luego las palmas de sus manos, por último su frente. Queda en cuatro patas vomitando. Yo estoy acostumbrado a verle el culo en cuatro patas, con ella sí a veces cogemos pero nadie lo sabe.
Como no deja de vomitar Lara se arrima a preguntarle cómo se siente, Cindia eleva el mentón y de su boca cae una especie de moco de color verde anaranjado. Le acaricia la espalda y lanza otro chorro de vómito, intenta ponerse de pie pero sus extremidades resbalan con sus propios flujos.
Pico vuelve a marcar un arreglo para darme lugar al solo de viola.
Le agradezco a la pared, pero debo dejarla. Doy un paso hacia adelante, la miro con melancolía, ya tiene hongos en los sectores de mayor humedad y pienso que en algún momento deberíamos revocarla y pintarla. Le tengo cariño a esa pared, contra ella Cindia me permitió ingresar en su cuerpo por primera vez, un salvaje rapidito del que no me enorgullezco, pero el tiempo nos fue dando buenas revanchas.
El platillo me saca del trance.
Miro al frente, Cindia está sentada, llorando rodeada de sus amigas, con todo su gótico maquillaje corrido, me mira y es todo lo que necesito.
Regreso milagrosamente del casi coma etílico con fuerzas, con movimientos felinos de mis piernas, doblándolas a lo Richards, mis dedos muestran su torpe destreza sobre el mástil de la guitarra.
Mosquita dice mi nombre y la gente aplaude.
Esto es lo más cercano a la felicidad que personas como nosotros van a estar jamás.

(De "Fuimos, las memorias de Rocker - Tomo I")

SEGUIME EN TONGA RAMONE!

martes, 9 de abril de 2019

Nunca imaginarías que estos son 7 síntomas de depresión

La depresión es un estado complejo, que se manifiesta de una manera diferente en cada persona. Aunque hay unos patrones básicos, también existen algunos síntomas de depresión que generalmente pasan desapercibidos. Es importante conocerlos y reconocerlos.


La mente de cada ser humano tiene una complejidad enorme, por lo que todo esquema al respecto siempre se queda corto. Por eso cuando se habla, por ejemplo, de los síntomas de depresión, no siempre estos caben en la lista típica. Hay actitudes, estados y conductas que aparentemente no tienen nada que ver con este problema, pero que en el fondo sí están relacionados.
La depresión tiene diferentes formas de manifestarse, intensidadesdistintas y dinámicas diversas. No todo el que deja caer una lágrima está deprimido, ni todo el que sonríe con frecuencia está feliz. Por eso no siempre es un estado evidente.
“La depresión es una prisión en la que eres tanto el prisionero como el cruel carcelero”.
-Dorthy Rowe-
Hay algunos síntomas de depresión que suelen pasar desapercibidos. No es que quien los presente, necesariamente esté deprimido. Simplemente son indicios que sugieren la existencia de este problema, pero que se deben evaluar en conjunto y en contexto. Veamos siete de ellos.

1. Molestias físicas no relacionadas con una enfermedad

Tiene que ver con dolores musculares que aparecen de repente sin un motivo específico, migrañas, indigestiones frecuentes, mareos súbitos y malestares por el estilo. Vas al médico y no encuentra nada anormal en tu cuerpo. Pero no dejan de aparecer las molestias.
También es posible que no aparezca ninguna molestia física como tal, pero sí que tengas una cierta sospecha de que algo anda mal con tu salud. Te sale un afta en la boca y se te pasa por la cabeza que puede ser leucemia. O te late muy fuerte el corazón y algo te dice que podría ser el comienzo de un problema cardíaco.

2. Cancelar y postergar los encuentros con los demás

De pronto miras hacia atrás y te das cuenta de que desde hace un tiempo vienes posponiendo todo tipo de actividades sociales. Tal vez sientes que estás ocupado o simplemente que no tienes ganas de salir.
Lo cierto es que tus encuentros con los demás se reducen sin que te lo hayas propuesto explícitamente. En realidad no sientes que estés aislándotede los demás, sino que andas muy cansado para salir o, sencillamente, hay otras cosas que capturan tu atención.

3. Moverte despacio

Este es uno de esos síntomas de depresión que suele pasar desapercibido. El cerebro de una persona deprimida funciona de manera diferente al de una persona que está serena o feliz. Esto termina incidiendo sobre la motricidad y hace que los movimientos sean más lentos.
A veces, incluso, parece que una persona estuviera moviéndose en cámara lenta. También tarda un poco más en reaccionar a los estímulos externos. Si le hablas, es como si se quedara meditando en lo que has dicho, antes de contestarte.

4. Brotes de dermatitis atópica

La ciencia aún no ha establecido claramente cuál es la relación entre la dermatitis atópica y la depresión. Sin embargo, un estudio adelantado en la Universidad de Wisconsin (Estados Unidos) estableció que este problema suele presentarse en las personas deprimidas.
La dermatitis atópica se caracteriza por la aparición de eczemas en la piel que causan picor y dolor. Todavía no se conoce con exactitud lo que causa este problema. Pese a ello, se asocia frecuentemente con el estado anímico de las personas.

5. Ver demasiada televisión, uno de los síntomas de depresión

Ver demasiada televisión, o pasar demasiado tiempo en el ordenador o con los ojos en el teléfono móvil pueden ser síntomas de depresión. En últimas, terminas teniendo una relación constante y más o menos obsesiva con una pantalla. Esto es también una manera de aislarte.
Las personas que ven demasiada televisión frecuentemente desean “no pensar”. Pretenden distraerse, o alejarse de su realidad. Cuando se pasa demasiado tiempo frente a una pantalla uno puede volverse alguien muy ensimismado, que no conecta con lo que le rodea.

6. No tener deseo sexual

Cuando hay falta de deseo sexual y esto se prolonga por un buen tiempo, es posible pensar que hay una depresión en ciernes. Este dato, de todos modos, debe ser evaluado con cuidado. Una cosa no implica automáticamente la otra.
El factor a tener en cuenta es el nivel normal, o habitual, del deseo sexual. Si desciende por debajo de ese límite y se mantiene así, necesariamente está pasando algo. Para las personas deprimidas suele resultar muy difícil adoptar actitudes y conductas eróticas.

7. Cometer equivocaciones con frecuencia

Cuando hay depresión, la mente trabaja más lentamente. También es muy común que haya dificultad para concentrarte, o para ordenar ideas y planificar actividades. Por eso las personas deprimidas usualmente cometen muchos pequeños errores en el día a día.
Esas equivocaciones tienen que ver con olvidos, con confusiones respecto a asuntos simples, con distracciones y con dificultad para aprender, entre otros. Es como si esa persona no terminara de estar totalmente presente en el aquí y ahora.
Todos estos síntomas de depresión, generalmente no son muy notorios para quien los padece, ni para quienes forman parte de su entorno. Si aparecen, especialmente cuando son varios y simultáneos, quizás sea hora de hacer un alto y mirar qué está pasando.

martes, 12 de marzo de 2019

La ansiedad, un viaje desafortunado en una montaña rusa


Los sentimientos descentrados, la sensación de que todo está fuera de control, el pensamiento de que todo es negativo, la tensión constante, el nerviosismo, la preocupación excesiva, la agitación, el insomnio, el temblor en los párpados, la dificultad de concentración… Así empieza la ansiedad…
Todos estos indicadores pueden sugerir ansiedad y constituir un problema si se dan de manera característica y con determinada frecuencia en una misma persona. Pero este no es un mal de pocos, sino de muchos. De hecho, cada vez es más frecuente en nuestra sociedad.
No obstante, si bien hablar de trastornos de ansiedad sin especificar cuáles son puede resultar difuso, en esta ocasión solo vamos a remarcar maneras de reconocer y comprender la ansiedad identificándola a través de las sensaciones que genera.

Sensaciones que nos genera la ansiedad

La ansiedad, esa sensación de que se nos encoge el pecho, que nos agota, que nos bloquea y nos inquieta, que nos genera un agujero en el estómago, que nos deja inmóviles y nos invade. Una abrumadora pelea de sensaciones, pensamientos y comportamientos que nos somete tanto a nivel psicológico como físico.
La ansiedad nos alerta de que debemos atender algo en nuestra vida; o sea, que algo está pasando y que merece nuestra atención. Por eso, en principio debemos destacar que en sí no es insana, aunque resulte negativa.
En otra ocasión explicamos cómo la ansiedad es un monstruo que se alimenta de nuestra adrenalina y al que nosotros ofrecemos, dedicándole atención e importancia, un suculento manjar. Ocurre que cuando algo nos provoca cierto grado de activación (sea un pensamiento, una visión, una conducta, etc), nuestra adrenalina comienza a resurgir y nuestro monstruo de la ansiedad se despierta ante el olor de su comida.
En principio es positivo, pues por ejemplo puede ayudarnos a no caernos por las escaleras: sin embargo, si dejamos que el monstruo no pueda dormirse de nuevo, lo que hará es alimentarse de la adrenalina que encuentre y, por lo tanto, se hará cada vez más grande, consumirá nuestra energía y nos provocará un intenso temor.

Una metáfora para comprender la ansiedad

Estás en un parque de atracciones y ves una montaña rusa que te encanta. Con intención de pasártelo bien comienzas a hacer fila para que te den tu pase. El sol calienta y hace calor, por lo que al obtener tu entrada ya te sientes cansado/a.
Pero eso no debe importar, ¡estás en un parque de atracciones! Así que te sientas en el vagón y te dispones a divertirte. Sin embargo, de repente, un operario vestido de payaso te da un escobaza en la cabeza que te deja un fuerte dolor. Eso te desanima aún más.
Para rematar la situación, tu vagón da un rápido giro de 360º y, lo que en un principio iba a ser atractivo, ya no resulta tan bueno para ti. Tus pensamientos se agolpan, ruedan y ruedan. No puedes parar y la tensión es continua y sientes que tu corazón se va a parar de un momento a otro.Subes y bajas, pasas por un túnel negro varias veces, pierdes el control y tu estómago está patas arriba.

Te gustaría bajarte, pero no hay manera de hacerlo. Gritas, lloras, te quejas, tragas saliva y sientes tu corazón palpitar fuertemente. Sin embargo, nadie puede ayudarte a salir de esa situación, todos los esfuerzos son inútiles.
Finalmente acaba el viaje. Sales de allí con el embotamiento del miedo intenso, sin poder pensar con claridad, verdaderamente agotado/a y con la sensación de haber estado siendo removido/a una y otra vez por una excavadora.
Sentir ansiedad es como montarse en una montaña rusa y que el viaje no resulte divertido. Tarde o temprano sabes que va a acabar tanto el viaje como el ataque, sabes que tiene un pico de altura y que a partir de ahí solo puede reducirse. Sin embargo, lo pasas muy mal, te perturba en exceso y te hace sentir como en una nube tormentosa que te despoja de tus pertenencias e incluso de tu identidad.
Si en algún momento sufrimos de “ataques de ansiedad o pánico” es bueno que mantengamos esta metáfora en nuestra mente. O sea, es muy importante que tengamos presente que cuando aparezca, se esfumará por la misma puerta por la que ha entrado, pues solo es cuestión de tiempo.