lunes, 27 de mayo de 2019

UNA GORDA CON LA REMERA DE BERSUIT


Pagamos caro un hotel muy barato frente a la vieja estación de la Feliz.
No es la primera vez, el Punga ya nos conoce, siempre vamos al mismo hotel, pedimos la misma habitación, nos recibe con simpatía porque es todo lo que tiene para ofrecer. El agua caliente sale a cuenta gotas, la televisión se ve con lluvia, el desayuno es de dudosa procedencia, el resto de los huéspedes parecen estar ocultándose (¿escapando?) de algo, las camas hacen ruido, los colchones son finos, la ventana da a un patio interno lleno de chapas, maderas y los soretes del perro que vive allí, el inodoro despide aromas cloacales y la mucama es una paraguaya que por cien pesos te hace un pete.
Mosquita se baña luego de fumar porque dice que lo ayuda a bajar. Tenemos una larga noche por delante, hay previa, show y putas. Parece demasiado para dos simples mortales que sin saberlo están arruinando sus vidas.
Lo escucho putear porque el agua sale fría. Hago malabares con la tuca para no quemarme mientras con la otra mano acaricio la nuca de la mucama, como si fuésemos novios y mediante esa caricia tratara yo de apaciguar su dolor, mintiéndome a mí mismo, en pleno trance por la cannabis pienso que se puede engañar a la soledad por algunos minutos. Mientras se limpia la boca con su lengua y el puño de su buzo me dice que quiere ser actriz, que a veces participa de castings. Se mira al espejo y también debe limpiarse una mejilla. A veces me falla la puntería.
Dos desahuciados jugando al amor.
Salimos temprano porque el bar abre temprano. Un antro de la zona, minado de rolingas, con un micrófono abierto con una guitarra para quien guste entonar alguna canción. Luego de algunos tragos me le animo e interpreto Legalícenla de Viejas Locas. El público presente deja pasar por alto los errores y las desafinaciones, alzan sus porros y cantan con emoción, incluso corean el solo de guitarra, yo cierro mis ojos y siento estar tocando en Obras o Cemento.
Son energía pura.
Me palmean la espalda y me felicitan cuando bajo del precario escenario. Sube a cantar una minita canciones de Calamaro, tiene el pelo corto y cachetes rosados. Todos los presentes la deseamos, sus caderas son prometedoras, pero ella tiene la seguridad que ninguno intentará nada, es de esas chicas inalcanzables para energúmenos como nosotros. Ella lo sabe, sus amigas lo saben, lo sabemos. Ni lo intentamos. Simplemente la escuchamos.

Los Gardelitos tocan en el culo del mundo. SUM es un galpón, preguntamos cómo llegar, nadie sabe, ni siquiera conocen el lugar, finalmente damos con un rastafari que nos indica el camino. Hay poca gente, el show es bueno, una catarata de hits, Eli tira la púa y yo la agarro, voy a hacerme un collar con ella. Gasté todo mi dinero en el bar, no tengo ni para el colectivo de regreso, Mosquita debe pagarlo.
El Privado es por fuera una casa normal en pleno barrio residencial, tiene piedras en su fachada, una reja, la vereda está limpia. Tocamos timbre. La Madama es una piba joven, viste una tanga que combina con su corpiño, va fumando un pucho por la mitad, tiene tacos altos. Apenas abre la puerta, nos observa, escupe el humo y nos hace pasar. Nos informa que solo tiene a una chica disponible, que ella quedó a cargo hasta que regrese el jefe y que por ese motivo no puede presentarse como oferta. De todas formas yo no tengo dinero, Mosquita dice que quiere los servicios por media hora, paga y se dirige a esperar a la habitación.
La Madama me ofrece un cigarro. Le digo que no fumo tabaco. Me dice que el faso no es gratis. Ella toma vino mientras mira la repetición de una novela chilena, pongo atención y es evidente que su tonada es de esos lugares de Sudamérica.
Mosquita sale antes de cumplirse el tiempo. Se despide frío de la Madama. Una vez en la calle le pregunto si la minita estaba buena.
-No – me dice con concretos signos de enojo – Era una gorda con una remera de la Bersuit.
En el hotel el televisor no anda, la ducha es un martirio. Se escuchan las peleas de los demás pasajeros y al perro que ladra por cualquier cosa. Aun así me duermo.
El desayuno, en estas condiciones, es un manjar. Café con leche libre, más dos medialunas dulces y una panera con tostadas. La misma paraguaya que es mucama también es camarera. Vestida de camarera es mucho más bonita, sus cabellos sueltos resaltan sus facciones, el pantalón ajustado la favorece, lo mismo que la remera; de mucama lleva el pelo atado y ropa suelta. Me mira y sonríe con timidez cuando le pido una segunda taza de café con leche.
-Más café que leche – le digo y se sonroja al oír la palabra leche.
Cuando se retira le miro el culo y me veo obligado a pedirle cien pesos prestados a Mosquita, él sigue enojado porque siente que por la noche lo estafaron. Me los presta.
Esta vez debo correrle el pelo que cae sobre su rostro y sostenerlo. Me pregunto si será feliz. Cuando termina le digo lo que voy a hacer con mi vida, tocar con la banda y pintar cuadros. Le digo que voy a volver a buscarla pronto y me dice que sea rápido, porque apenas junte plata se va a ir a Capital porque allá  hay más trabajo y chances de ser actriz.
 Ahí estamos, dos soñadores luchando cuerpo a cuerpo contra sus propios fantasmas. Confesando sueños que no habrán de cumplirse nunca.
Le pregunto si puedo besarla y se niega con culpa.
Nos abrazamos unos segundos.
Al final del camino no puede disimularse la soledad.

(Texto de "FUIMOS, las memorias del Empresario Rocker")

Más material en TONGA RAMONE!

No hay comentarios:

Publicar un comentario