jueves, 31 de agosto de 2023

LA VENTANA



Ruido: Sonido sin armonía o discordante. Perturbación en un sistema de comunicación que interfiere o previene la recepción de una señal o de un mensaje.

A veces me invitan a alguna fiesta por compromiso.

-Cumple años Colapso, nos vamos a juntar en el bar de siempre, ¿venís?

Miro a mis pies, varios Conejitos me rodean, golpeo sutilmente mi frente con el tubo del teléfono fijo, si me voy nadie cuidará de ellos, romperían todo el departamento, pero como no confío completamente en la existencia física de los Conejitos no digo nada, prefiero no mencionarlos en público para no levantar sospechas, solo agradezco la invitación y digo que mejor lo dejamos para una próxima ocasión.

Me invitan sabiendo que no voy a ir porque saben que me ofendo si no me invitan.

Tengo Fonofobia, los sonidos fuertes o inesperados me generan un estado de ansia difícil de disolver. Mi habitación tiene paneles acústicos en sus paredes, como las radios.

-Él le tiene miedo al ruido – decían en el colegio. No hizo falta mucho más, el apodo surgió solo.

Ruido.

De la misma forma le pusimos Colapso a Colapso. Ella siempre se ponía tan nerviosa antes de rendir una lección oral que colapsaba y finalizaba su estadía en el colegio en el baño, llorando y vomitando, rodeada de maestras que le decían que todo iba a estar bien.

Eran otros tiempos. La gente no se ofendía con tanta prisa como hoy, podíamos decirle gordo al gordo, flaco al flaco y loco al loco. Hoy llamar a alguien por el nombre de su trastorno sería considerado bullying. Terminaríamos en el gabinete psicológico de la institución educativa haciendo algún curso de empatía, o viralizados en las redes sociales como malas gentes.

A veces sueño con Fiebre, o creo soñar con ella.

A veces confundo sueños con imaginación.

¿Imaginar es el equivalente a soñar despierto?

Tengo hambre y pido una pizza grande al delivery. Tengo pensado entablar una conversación con el muchacho del reparto, le hablaré de fútbol, haré algún chiste sobre chicas, prestaré atención a su vestimenta, allí hay información sobre la cual sacar algún tema de conversación, algún parche de alguna banda, alguna marca, quizás tenga marihuana y pueda invitarlo a comer la pizza conmigo mientras miramos los Simpson.

-Son dos mis setecientos pesos.

Le doy tres billetes de mil. Le digo que se quede con el cambio. Cierro la puerta. Fracaso estrepitosamente en la intención de relacionarme con gente del afuera. Lo veo por la ventana chequeando la nueva dirección de entrega, se aleja en su moto.

Sonrío. ¿Entablar una nueva relación con un desconocido? ¿Yo? Ni siquiera sé el nombre de la chica de la panadería de la esquina donde compro pan hace quince años, solo sé que se parece a Avril Lavigne. Cuando trabaja en el turno de la tarde la veo llegar, la ventana da a la avenida, se baja del colectivo y camina media cuadra.

Pienso que la ventana es como un televisor que me muestra historias. La chica de la panadería, el chico del delivery, el perro del vecino, los gatos del barrio, los desconocidos con miradas tristes.

Miro, por aburrimiento, una película sobre una hacker, es de producción Holandesa (Países Bajos le dicen ahora), no fue la gran cosa, guion predecible, actuaciones estándar, no hay escenas de sexo. Termino con una extraña sensación, no sé si desperdicié una hora y media de mi vida o si estuve entretenido durante noventa minutos. Al final de cuentas, si no hubiese mirado la película, ¿hubiese hecho algo productivo?

Entonces leo páginas al azar de un libro random de mi biblioteca. Cuento los taxis que pasan por la avenida. Hago una lista de las mujeres que besé, siempre me olvido de la chica del verano en que Ando Ganas de los Piojos fue un hit. Fiebre forma parte de esa lista. Me pregunto qué estará haciendo en el bar, Colapso no escatima en alcohol cuando de festejos se trata, deben estar con Insomnio y Silencio hablando de mí.

Ahora cuento a la gente que pasa en bicicleta.

A los que caminan.

Si mi mirada se cruza con la de alguien levanto la mano para saludarlo, algunos responden al saludo, para los demás debo ser el Loco de la Ventana, no saben que ya tengo un apodo.

Ruido.

Los Conejitos no están, a veces se esconden.

Cuento las luces encendidas del edifico de la otra cuadra.

Hago una lista mental ordenada alfabéticamente de los Villanos de Batman, me olvido del Espantapájaros, tengo que volver a empezar.

Un perro ladra por una alarma que incomoda al vecindario.

Cierro la ventana.

Sueño con Fiebre, o creo que es un sueño.

Me habla.

-¿Estás despierto? – pregunta.

Y yo…

La verdad…

No lo sé.