martes, 12 de marzo de 2019

La ansiedad, un viaje desafortunado en una montaña rusa


Los sentimientos descentrados, la sensación de que todo está fuera de control, el pensamiento de que todo es negativo, la tensión constante, el nerviosismo, la preocupación excesiva, la agitación, el insomnio, el temblor en los párpados, la dificultad de concentración… Así empieza la ansiedad…
Todos estos indicadores pueden sugerir ansiedad y constituir un problema si se dan de manera característica y con determinada frecuencia en una misma persona. Pero este no es un mal de pocos, sino de muchos. De hecho, cada vez es más frecuente en nuestra sociedad.
No obstante, si bien hablar de trastornos de ansiedad sin especificar cuáles son puede resultar difuso, en esta ocasión solo vamos a remarcar maneras de reconocer y comprender la ansiedad identificándola a través de las sensaciones que genera.

Sensaciones que nos genera la ansiedad

La ansiedad, esa sensación de que se nos encoge el pecho, que nos agota, que nos bloquea y nos inquieta, que nos genera un agujero en el estómago, que nos deja inmóviles y nos invade. Una abrumadora pelea de sensaciones, pensamientos y comportamientos que nos somete tanto a nivel psicológico como físico.
La ansiedad nos alerta de que debemos atender algo en nuestra vida; o sea, que algo está pasando y que merece nuestra atención. Por eso, en principio debemos destacar que en sí no es insana, aunque resulte negativa.
En otra ocasión explicamos cómo la ansiedad es un monstruo que se alimenta de nuestra adrenalina y al que nosotros ofrecemos, dedicándole atención e importancia, un suculento manjar. Ocurre que cuando algo nos provoca cierto grado de activación (sea un pensamiento, una visión, una conducta, etc), nuestra adrenalina comienza a resurgir y nuestro monstruo de la ansiedad se despierta ante el olor de su comida.
En principio es positivo, pues por ejemplo puede ayudarnos a no caernos por las escaleras: sin embargo, si dejamos que el monstruo no pueda dormirse de nuevo, lo que hará es alimentarse de la adrenalina que encuentre y, por lo tanto, se hará cada vez más grande, consumirá nuestra energía y nos provocará un intenso temor.

Una metáfora para comprender la ansiedad

Estás en un parque de atracciones y ves una montaña rusa que te encanta. Con intención de pasártelo bien comienzas a hacer fila para que te den tu pase. El sol calienta y hace calor, por lo que al obtener tu entrada ya te sientes cansado/a.
Pero eso no debe importar, ¡estás en un parque de atracciones! Así que te sientas en el vagón y te dispones a divertirte. Sin embargo, de repente, un operario vestido de payaso te da un escobaza en la cabeza que te deja un fuerte dolor. Eso te desanima aún más.
Para rematar la situación, tu vagón da un rápido giro de 360º y, lo que en un principio iba a ser atractivo, ya no resulta tan bueno para ti. Tus pensamientos se agolpan, ruedan y ruedan. No puedes parar y la tensión es continua y sientes que tu corazón se va a parar de un momento a otro.Subes y bajas, pasas por un túnel negro varias veces, pierdes el control y tu estómago está patas arriba.

Te gustaría bajarte, pero no hay manera de hacerlo. Gritas, lloras, te quejas, tragas saliva y sientes tu corazón palpitar fuertemente. Sin embargo, nadie puede ayudarte a salir de esa situación, todos los esfuerzos son inútiles.
Finalmente acaba el viaje. Sales de allí con el embotamiento del miedo intenso, sin poder pensar con claridad, verdaderamente agotado/a y con la sensación de haber estado siendo removido/a una y otra vez por una excavadora.
Sentir ansiedad es como montarse en una montaña rusa y que el viaje no resulte divertido. Tarde o temprano sabes que va a acabar tanto el viaje como el ataque, sabes que tiene un pico de altura y que a partir de ahí solo puede reducirse. Sin embargo, lo pasas muy mal, te perturba en exceso y te hace sentir como en una nube tormentosa que te despoja de tus pertenencias e incluso de tu identidad.
Si en algún momento sufrimos de “ataques de ansiedad o pánico” es bueno que mantengamos esta metáfora en nuestra mente. O sea, es muy importante que tengamos presente que cuando aparezca, se esfumará por la misma puerta por la que ha entrado, pues solo es cuestión de tiempo.

jueves, 7 de marzo de 2019

Depresión: cuando la oscuridad se cierne sobre nosotros.


La depresión es un dolor que nos atenaza y se vuelve nuestra sombra.Muchas veces viene de la mano de una amistad peligrosa: la ansiedad. Nos provocan temor a sentir y ensombrecen nuestras emociones. Generan pensamientos dañinos para nuestro ser y menosprecian nuestro autoconcepto, haciendo mella así en la estima que nos tenemos.
Esto es importante, pues el afecto que nos profesamos dependerá mucho de lo que nos digamos y de cómo nos comportemos. Es decir, nuestros pensamientos, sentimientos y acciones se retroalimentan de tal manera que dictaminan nuestro estado general.
Como vamos a ver, no es habitual mantener un círculo saludable en todo momento; es más, cabe resaltar la única consecuencia de tener un patrón de pensamientos, sentimientos y conductas dañinas no es tener un diagnóstico de ansiedad o depresión, sino que el abanico es muy variable y variopinto. Por eso la metáfora que vamos a ver a continuación no es útil a todos, suframos o no alguno de estos problemas emocionales.


La metáfora del autobús

Hay una metáfora muy usada en las terapias contextuales que nos ayudan a comprender la importancia del triángulo de la personalidad que conforman nuestros pensamientos, sentimientos y comportamientos. Veámosla a continuación y prestemos mucha atención:
“Imagínese que usted es el conductor de un autobús con muchos pasajeros. Los pasajeros son pensamientos, sentimientos, recuerdos y todas esas cosas que uno tiene en su vida. Es un autobús con una única puerta de entrada, y sólo de entrada. Algunos de los pasajeros son muy desagradables y con una apariencia peligrosa.
Mientras usted conduce el autobús algunos pasajeros comienzan a amenazarle diciéndole lo que tiene que hacer, dónde tiene que ir, ahora gire a la derecha, ahora vaya más rápido, etc., incluso le insultan y desaniman, eres un mal conductor, un fracasado, nadie te quiere… Usted se siente muy mal y hace casi todo lo que le piden para que se callen, se vayan al fondo del autobús durante un rato y así le dejen conducir tranquilo.
Pero algunos días se cansa de sus amenazas, y quiere echarlos del autobús, pero no puede y discute y se enfrenta con ellos. Sin darse cuenta, la primera cosa que ha hecho es parar, ha dejado de conducir y ahora no está yendo a ninguna parte. Y además los pasajeros son muy fuertes, resisten y usted no puede bajarlos del autobús. Así que resignado vuelve a su asiento y conduce por donde ellos mandan para aplacarlos.
De esta forma, para que no le molesten y no sentirse mal usted empieza a hacer todo lo que le dicen y a dirigir el autobús por dónde le dicen para no tener que discutir con ellos ni verlos. Usted hace lo que le ordenan y cada vez lo hace antes, pensando en sacarlos de su vida. Muy pronto, casi sin darse cuenta, ellos ni siquiera tendrán que decirle “gire a la izquierda”, sino que usted girará a la izquierda para evitar que los pasajeros se echen sobre usted y le amenacen.
Así, sin tardar mucho, empezará a justificar sus decisiones de modo que casi cree que ellos no están ya en el autobús y convenciéndose de que está llevando el autobús por la única dirección posible. El poder de estos pasajeros se basa en amenazas del tipo “si no haces lo que te decimos, apareceremos y haremos que nos mires, y te sentirás mal”. Pero eso es todo lo que pueden hacer.
Es verdad que cuando aparecen estos pasajeros, pensamientos y sentimientos muy negativos, parece que pueden hacer mucho daño, y por eso usted acepta el trato y hace lo que le dicen para que le dejen tranquilo y se vayan al final del autobús donde no les pueda ver.
¡Intentando mantener el control de los pasajeros, en realidad ha perdido la dirección del autobús! Ellos no giran el volante, ni manejan el acelerador ni el freno ni deciden dónde parar. El conductor es usted. Que no decidan tus pasajeros por ti”.

Unas ilustraciones que definen la dificultad de lidiar con ello

Los problemas de ansiedad y depresión son compartidos por millones de personas en el mundo. A pesar de esto, muchas veces nos topamos con una gran incomprensión y en enorme tabú alrededor de ello y de las personas que lo padecen.
Por eso, el artista Nick Selçuk plasmar en una tira de cómic la dificultad de lidiar con estas patologías. Así acerca de una manera sencilla la oscura realidad que vive una persona con problemas mixtos de ansiedad y depresión. Este dibujante le da un toque de superación y de comprensión a sus viñetas que puede resultar positivo para algunas personas.

Debe quedarnos claro que no es plato de gusto padecer estos problemas.Tampoco es una elección ni es sinónimo de debilidad. Por eso, en este sentido siempre debemos partir de la base de que la depresión y la ansiedad:
  • No nos definen.
  • No se deben entender como defectos.
  • Tienen que comprenderse desde la relación que establecemos con estas afectaciones.
Debemos eliminar la concepción de las personas con problemas ansioso-depresivos como individuos vulnerables y débiles y dejar de pensar que somos culpables.
Es importante que nos concienciemos y dejemos de hacer leña del árbol caído. Las personas con problemas necesitan afecto y comprensión, así como la oportunidad de contactar con un profesional y manejar así con coherencia las disfunciones emocionales de las que son presa.