miércoles, 12 de enero de 2022

Epopeya (fragmento)

Finalmente la sangre se contaminó, y llegaron los Fantasmas interpretando a Monstruos con turbias Voces que generaron peligrosos mareos al borde del acantilado donde los desahuciados deciden ponerle fin a su existencia y los murciélagos anidan. Se contaminó la sangre para que la visión se tornara borrosa, y el arrepentimiento se manifestara en cobardes oraciones peregrinas con el objetivo final de obtener un indulto existencial por parte de los Dioses en cuestión, oraciones que le exigían desde la clemencia un salvavidas o una cuerda enjabonada al Universo, un algo de donde aferrarse en esos momentos de miedo y locura.





Se contaminó la sangre para que los Bastardos abrazaran el delirio en el sueño, y aquellas viejas pesadillas de la infancia se vieran influenciadas por los resabios del escarnio viral que encontró en el cuerpo su estadía definitiva para realizar su tan ambiciosa conquista espacial, conquista que antaño se vio truncada por nefastas vacunas originadas con malicia con el fin de alcanzar el control mental de las especies y establecer el tan aclamado Nuevo Orden Mundial, conquista truncada por átomos que se disolvieron en partículas de muerte en la tristemente célebre Nagasaki.

Forastero de Plutonio que añora la paz.

Chica de la Luna que sueña con la Libertad.

Dame rayos gama, dame, dame.

Los Monstruos desconectaron las energías sexuales de los amantes, quienes se encontraron privados de manifestar su amor con hidalguía y placentera veneración. Y se vio alterado el recurso sangriento de la creación, y se vieron alterados los Universos clandestinos donde el Poeta esconde las migajas de sus deseos más privados y vergonzosos. Y estallaron los satélites de los planetas menos importantes. Y sanitizaron las heridas con frío alcohol que generó dolor en los cuerpos maltratados por el encierro, dolor que se expresó en gritos y gemidos que intentaron en vano emular la transición energética del acto venéreo.

La infinidad es tan grande que carece de sentido.

Y el Cosmos se burla de nosotros, como ese Diablillo pillo que se sabe perdedor y nos promete eternas victorias deportivas, pero muerde su propio anzuelo y apuesta su alma una y otra vez, esperanzado.