River está en
la B. Pero el negocio es muy grande y el clásico de verano en “la Feliz” debe
jugarse igual. Yo camino por las calles desiertas, ya es tarde y la gente común
no sale a estas horas. Sé que el partido está empatado, cada vez que paso por
un bar estiro el cuello, como muchos otros peatones, para tratar de ver la
pantalla gratuitamente.
Un grito
ensordecedor baja desde los edificios y sale de los bares. El único bar que
tengo cerca es uno de vidrieras ploteadas, no se ve nada pero la gente comienza
a aglomerarse en la puerta, nadie va a ingresar porque nadie quiere pagar nada.
Algunos escriben en su celular para consultarle a alguien de quién es el gol,
otros, por las dudas, putean.
Todo es
silencio cuando la puerta del bar se abre.
Del interior
sale un viejito, ochenta, noventa (¿cien?) años, con una vida vivida, con más
pasado que futuro. Su mandíbula no se queda quieta, le tiembla, tiene vida
propia. Lleva un bastón con su mano derecha que sostiene todo su encorvado ser,
la mano también le tiembla y siempre da esa sensación de estar a punto de caer.
Su nariz moquea, sus ojos están vidriosos. Debe ser calvo porque viste con una
boina gris.
Su cabeza nos
mira, no puede quedarse quieta. Lo miro bien, uno de sus ojos es más grande que
el otro y su boca está abierta y le cuelga un hilo de baba. Avanza unos pocos
centímetros, se detiene y vuelve a mirarnos mientras seca su nariz con un sucio
pañuelo que saca de su bolsillo. En el fondo sabe perfectamente lo que la
pequeña multitud que lo está rodeando quiere saber.
Emociona ver
el intento de sonrisa del viejito, y sentir como sus ojos cansados y antiguos
cobran vida, brillan, se convierten en fuego, eleva de manera temblorosa su
brazo izquierdo y presiona su puño con fuerza. Su alma ha vuelto. Está de
nuevo.
Un gol es
vida.
-¡River! –
dice con firmeza agitando el puño.
Los presentes
en la vereda gritamos, otros ratificaron sus puteadas, me abrazo con alguien,
nos palmeamos la espalda y veo lágrimas en sus ojos.
-¡River! –
repite con más intensidad, como si el grito callejero de los presentes le
hubiese dado una cuota extra de energía.
El viejito se
aleja a paso lento, en soledad, como dice la canción, cada vez va más lento,
pero va, se pierde al doblar la esquina, con una Luna brillando en el mar como
lienzo, y las bocinas de un par de taxis sonando.
Me pregunto
si tendrá hijos, su vivirán, por qué un hombre de su edad salió a ver un
partido a un bar, ¿se estará escapando del asilo?, ¿vivirá debajo de un puente?,
¿habrá enviudado hace poco y necesita despejarse?, tal vez solo se siente
aburrido en la pensión, o las enfermeras son de Boca y no quiere problemas. El
fútbol tiene esas cosas.
Hay caravana
exagerada, pero que importa, vení, bailá conmigo que nadie puede robarte lo
bailado. Hoy el mundo es alegría, mañana vemos. Mañana los problemas seguirán
estando allí, en el lugar donde los dejamos, pero hoy es fiesta.
Regreso a mi
ciudad y le comento la inocente anécdota del viejito a Juan. Desde entonces
cada vez que River juega algún partido de los denominados chivos siempre lo
mencionamos entre risas, pensando en qué estará haciendo el Viejito de Mar del
Plata, si no se muere hoy no se muere más, lo imaginamos fanático, caminando
con el suero por la calle para ver al Millonario con su gente. Creer o
reventar, cada vez que lo mencionamos, River gana, gana en Brasil, empata en la
altura, elimina a Boca una vez, y otra vez y otra vez.
Me pregunto
si esa no será la inmortalidad de la que hablaban los filósofos griegos que
estudié en la secundaria. No sabemos si el hombre continúa con vida, pero lo
está en nosotros, sufre en cada partido y ya se convirtió en un amuleto. Le
hicimos dibujos, para que la cábala funcione hay que mencionarlo tres veces.
Viejito de
Mar del Plata.
Viejito de
Mar del Plata.
Viejito de
Mar del Plata.
Pensamos en
imprimir los dibujos para hacerlo estampita y venderlas. Algún que otro
fanático prometió tatuárselo si se vuelve a conseguir una Copa Libertadores.
Pero yo, que soy muy sensible a la belleza, solo puedo canonizarlo en este
texto.
(Del proyecto "Sobre bares, cines y sombras")
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