jueves, 30 de septiembre de 2021

Epopeya Suburbana (Fragmento)

 

Creyeron estar locos al percibir el amanecer por segunda vez en el día. Creyeron estar locos al asomar por el balcón sus cabezas, cuyos cráneos iban tatuados frágilmente con presidiaria tinta china, enseñando obscenos dibujos y profanador simbolismo pagano que se atrevían a reñir con hidalguía los pragmáticos evangelios del Profeta devenido en caricatura.

Profeta al que quieren asesinar sus discípulos.

Profeta que quiere morir a manos de sus discípulos.

Profeta mártir sin cruz temeroso desafía.

Creyeron estar locos al vislumbrar en las calles transeúntes que orinaban en lúgubres y húmedos callejones donde las prostitutas ofrecen su sexo en la oquedad de los pastizales y los perros callejeros cagan y tienen cría, callejón basural de un barrio que se cae a pedazos víctima del confinamiento mental de aquellos encargados de sobrellevar con elegancia y patriotismo el futuro del conglomerado que ahora merienda incertidumbre en una mesa sin cubiertos pero con servilletas de fina seda europea.

Y vieron gentes enterrando cadáveres apenas concebidos, olorosos cuerpos carroñeros enterrando dinero infamemente emitido en pecadores conventos donde las hermanas devenidas en avanzada edad son especialistas en armamento militar, donde el padre bienaventurado carga en sus tobillos la condena judicial de sus lujuriosos crímenes nefandos, y los feligreses portan guantes blancos en sus manos recién lavadas y gafas polarizadas y audífonos que entonan cantos Gregorianos que los convierten en los más mercenarios de los zombies.

Y el agua bendita fue absenta.

Y la ostia pequeños bocadillos holandeses de marihuana cosechada en el jardín del Monaguillo preferido del cura.

Creyeron estar locos al ventilarse con negligencia, y observaron guerras de ficción por la televisión y guerras reales en la esquina del bar. Buscaron el amor en aquella cantante de blues que se menea triste, pero solo consiguieron erótica y culposa inspiración que malgastaron en desatinados poemas surrealistas.

Creyeron estar locos y lamieron con demencia las vulvas de las rameras más puras y les dijeron que las amaban, y les obsequiaron jugosas propinas y ofertaron una tentadora e incomprobable vida mejor, y bailaron con la vecina que baila sola en las húmedas madrugadas y se golpea la cara para rememorar traumas de su niñez cada vez más cercana, y hablaron con la vecina que habla sola los mismos tristes y perturbadores diálogos cada noche mientras se flagela los muslos, y molieron café oyendo la máquina de coser de la vecina que aun en medio de su turbio delirio continuó trabajando para sostener la maquinaria de la vida que la condena al mismo círculo cada noche, y besaron a la hermana judía de su mejor amigo del barrio, muchacha que luego contraería la meningitis y teñiría sus cabellos de rubio platinado para triunfar como bailarina de la cumbia, y caminaron por la ruta con destino a la Meca y silenciaron con desdén y vergüenza los fragmentos de algunos infantes recuerdos.

Creyeron estar locos cuando los sonidos góticos del campanario se trasladaron bajo la cama espantando a los Monstruos propios y ajenos, y las Voces fueron remplazadas por rumores pertenecientes a la dimensión de la locura, infrecuente universo paralelo al que solo se accede a través de la fiebre y se sale por intermedio de la suerte.

Creyeron estar locos e invitaron a beber tibia y barata cerveza a la Doncella de flequillo recto que baila rocanrol sobre la tarima del bar de Piluso, bar de la periferia céntrica lindero a las ruinas de la vieja estación que supo albergar a vagabundos y amantes por partes similares. Lugar de sueños demorados y esperanzas cortas. Lugar de traiciones y heridas. Rancio lugar de miradas cansadas que envuelve en tinieblas la paradoja de una existencia que se torna irreparable con el arribo de la Luna Llena.

Y los lobos aullaron.

Y las putas rieron.

Y los Vampiros sortearon entre los presentes noches limitadas de eternidad que los ganadores desperdiciaron en absurdas orgías plagadas de sangre y sadismo.

Y el aire olió a azufre.

Y los dientes amanecieron amarillentos.

Amargos.

Creyeron estar locos y obtuvieron el insomnio como recompensa.

Creyeron estar locos.

Creer y estar.

Dos cosas distintas.


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miércoles, 18 de agosto de 2021

Poema Épico (Adelanto)

 De la soledad aprendí a maquillarme para enmascarar el deterioro del alma, a contrarrestar cualquier rasgo de mezquindad inaudito careciente de corazón. De la soledad aprendí el equilibrio de las injusticias, de lo poco grato que pretende ser el destino, y que si las historias de cada uno ya están escritas, todas se parecen, todas son tragedias griegas camufladas en melodramas cómicos que se inspiran en las comedias británicas de un mundo que ya no existe.

Nunca existió.
Me gusta caminar por la cornisa bien vestido para no levantar sospechas.
Del hambre aprendí a hacer tostadas con duro pan añejo y a no llenar hasta el borde la taza de leche, del hambre aprendí que la nostalgia es una sombra que nos recuerda los momentos felices y fugaces, y se encuentra allí, agazapada, para martirizarnos y atormentarnos para que no olvidemos que ya nada será como era, como fue, y que el futuro es distinto a cada segundo.
La vida cambia.
Pero no queremos que cambie.
Con el frío descubrí la fortaleza de mi sistema inmunológico, confiable colega que permite descuidarme de abrigos en desoladas noches invernales, donde el aroma a madrugada hace cortocircuito con las blancas luces de la Luna, que a su vez transita con desconfianza los vaivenes del próximo eclipse. Del frío aprendí que la inspiración es un estado de ánimo que sube y baja, y que la creatividad lejos de ser una bendición es un tormento que una vez utilizada nos convierte en esclavos, obligándonos a extrañarla cuando no está pero a sufrirla cuando aparece.
Condenados a crear a morir en el intento.
La evolución natural de las especies.




Del insomnio aprendí la relatividad del tiempo, que las eternidades pueden ser tan solo un reloj que no avanza, o una noche que transcurre a toda prisa. Del insomnio aprendí que la delgadez es cosa de locos, y que la palidez encierra de modo escondido algunos tormentosos secretos de la psiquis. Con el insomnio aprendí a disfrutar de la belleza.
De la fiebre aprendí a respetar los delirios, a no subestimar una pesadilla.
De mis Alter Egos aprendí a meditar. A mutar las semejanzas del espejo para sumergirme en el laberinto de ideas, surfear avalanchas y descubrir los susurros del joven árbol devenido en tumba.
Soy la metáfora incomprensible del libro que te gustaría haber escrito.
Soy un Soñador en el Infierno, con un cuchillo en la mano, desafiando al viento.

sábado, 17 de julio de 2021

Epopeya CiberPunk (Adelanto)

 
Ya vi a la ciudad del futuro convertirse en penosas ruinas ante los pies del enfurecido pueblo que no escatimó en fuego a la hora del hundimiento, que no padeció un segundo más de la temerosa tortura del Verdugo que continuó en la derrota flagelándose con turbias mentiras cargadas de sadismo y miseria.

Ya vi al Ungido gritar la palabra prohibida en su última bocanada de aire fresco, aire cargado de prudencia y júbilo. Los parlantes que solían cobardemente anunciar con sonoras y agudas bocinas, con las que muchos soñaron durante sus escandalosas vidas, el comienzo del toque de queda, ahora sueltan las más bellas melodías del Jazz. Y el pueblo baila. Y canta. Y bebe vino y cerveza en las destruidas calles del Imperio que se hunde. Y tienen sexo en los más sombríos callejones adornados con tarros de basura podrida, rodeado de roedores que trepan por los paredones y escapan de los felinos por los aun funcionales cables de electricidad.

¡Oh, Libertad!

¡Asquerosa y bienaventurada Libertad!

¿No es acaso la emoción un frágil barrilete de papel navegando entre los furiosos vientos huracanados de la tormenta que se aproxima? ¿No es acaso la diversión el pecado primero, la piedra fundacional sobre los cuales se construyó el territorio Infernal? ¿No es acaso la esperanza esa inocente espera cargada de agonía que sueña con el milagro?

¡Oh, Eternidad!

¡Asquerosa Eternidad que calumnia al Universo ante los ojos de las estrellas, testigos de la inalcanzable existencia!

Danzaron luciendo su desnudez rodeando el fuego cada vez más vivo.

Libres.

Eternos.


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domingo, 31 de enero de 2021

LOS DADOS

 



La carencia de analgésicos representó un problema en ese momento. Él no quería dejarse sucumbir a las presiones de la sobriedad, y yo no pude dejarlo solo. Tenemos firmado, de forma tácita, una especie de pacto suicida. De modo tal que encontramos diferentes modos de viaje, aventuras diurnas que nos ofrecieron promesas tentadoras que rara y escasa vez se cumplieron. Nosotros lo supimos siempre. La promesa final no nos interesaba tanto como el viaje en sí mismo.  Podríamos afirmar que gustábamos de los engaños.

Nunca llegamos a ningún lado.

Entre recordar y olvidar solo un minúsculo grupo de valientes le hacen frente a la primera opción. Algunas cosas, por motivos de salud, es preferibles depositarlas en el tacho del olvido.

Pero yo tengo la memoria de un elefante y la salud mental de ratón.

Así las cosas, ahora recuerdo, efímeramente, aquella ardua batalla contra el mismísimo Diablo. Creí, incrédulo, que podía esconderme en el asiento trasero de un auto estacionado en un vacío y gigantesco estacionamiento de supermercado. El calor esa tarde era agobiante, sin nubes en el cielo y un viejo blues sonando con fritura por los parlantes del establecimiento. Desde el espejo del parabrisas colgaban dos dados de peluche, un sutil adorno recuerdo de algún excéntrico viaje a la Las vegas. En el espejo sus ojos. Su boca. Su risa y sus pupilas que siempre supieron de mi paradero.

Iluso.

¿Esconderse del Diablo en el asiento de un auto?

Hoy sonrío frente a ese vago recuerdo que en su momento me costó una visita a la guardia médica del hospital en plena madrugada. Llegué allí insultando a los paramédicos y enfermeras exigiendo sedantes duros. Algo que me anestesiara la mente y me impidiera seguir soñando. Los sueños encierran una peligrosidad imposible de prevenir. No podemos escapar de ellos.

Él, al menos, lo intenta con la cafeína. No funciona pero no pierde las esperanzas. Los locos realizamos, siempre, las mismas acciones esperando diferentes resultados.

Al fin y al cabo, es todo lo que tenemos.


(De la esperada autobiografía de ROCKER)

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