El aroma a
vinilo viejo tiene vida propia, como el café en los hoteles o el chocolate
caliente de la escuela primaria.
El lugar es
un bar pequeño, en el fondo hay un salón de belleza y contra la pared bateas
con discos nuevos y usados, importados y nacionales.
La camarera
coquetea con el vendedor de discos, (si no coquetea no es camarera) se hablan
con confianza y complicidad, hablan en voz alta cuestiones que solo entienden
ellos con sus códigos y pienso en lo cruel de tener que fingir una relación
profesional en el trabajo cuando desborda la pasión. Es bonita, sus muslos (los
cuales presumo bellos) son tapados por un delantal con bolsillos donde guarda
propinas, anotadores y destapadores de botellas. Lleva la bandeja con
elegancia. Les dice “caballero” a los hombres y “mujer” a las mujeres, tics del
oficio.
Afuera se
respira poco amor. Nos tapó el odio.
Una pareja se
besa apoyados en una moto ajenos al mundo, es un beso francés, me centro en el
rostro de ella y sus ojos cerrados. Un taxista putea a una embarazada que cruzó
mal la calle, saca el brazo por la ventanilla y agita el puño. Un joven se pone
en cuclillas para acariciar a un perro callejero en la parada del colectivo. Un
colectivero putea a una camioneta que pasó en rojo. Una chica lucha contra la
soledad paseando por el centro con dos amigas que van de la mano.
La camarera
mira de reojo los vinilos que compré, dos de jazz, uno de pop y otro de rock.
Sé que no conoce al menos a tres de los cuatro.
Nuestras
miradas se cruzan y ninguno la baja, las mantenemos firmes, nos desafiamos, nos
provocamos para ver quien cede primero, jugamos silenciosamente a ver quién
intimida a quién, quien seduce a quien, pero es demasiado bonita y bajo la
vista a la taza de café para ponerle azúcar. Pierdo. Disimulo la derrota
pidiéndole si me puede cambiar el vaso de soda por uno de agua.
La imagino
con los ojos cerrados y dando un beso francés como la chica de la moto, y
pienso si el vendedor de discos la habrá visto en esa situación alguna vez.
Me consuelo pensando que una chica como ella no
escucha jazz y que lo nuestro hubiese sido imposible.(Del proyecto "Sobre bares, cines y sombras")
Mucho más en TONGA RAMONE!
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