domingo, 15 de abril de 2018

VINILOS

El aroma a vinilo viejo tiene vida propia, como el café en los hoteles o el chocolate caliente de la escuela primaria.
El lugar es un bar pequeño, en el fondo hay un salón de belleza y contra la pared bateas con discos nuevos y usados, importados y nacionales.
La camarera coquetea con el vendedor de discos, (si no coquetea no es camarera) se hablan con confianza y complicidad, hablan en voz alta cuestiones que solo entienden ellos con sus códigos y pienso en lo cruel de tener que fingir una relación profesional en el trabajo cuando desborda la pasión. Es bonita, sus muslos (los cuales presumo bellos) son tapados por un delantal con bolsillos donde guarda propinas, anotadores y destapadores de botellas. Lleva la bandeja con elegancia. Les dice “caballero” a los hombres y “mujer” a las mujeres, tics del oficio.
Afuera se respira poco amor. Nos tapó el odio.
Una pareja se besa apoyados en una moto ajenos al mundo, es un beso francés, me centro en el rostro de ella y sus ojos cerrados. Un taxista putea a una embarazada que cruzó mal la calle, saca el brazo por la ventanilla y agita el puño. Un joven se pone en cuclillas para acariciar a un perro callejero en la parada del colectivo. Un colectivero putea a una camioneta que pasó en rojo. Una chica lucha contra la soledad paseando por el centro con dos amigas que van de la mano.
La camarera mira de reojo los vinilos que compré, dos de jazz, uno de pop y otro de rock. Sé que no conoce al menos a tres de los cuatro.
Nuestras miradas se cruzan y ninguno la baja, las mantenemos firmes, nos desafiamos, nos provocamos para ver quien cede primero, jugamos silenciosamente a ver quién intimida a quién, quien seduce a quien, pero es demasiado bonita y bajo la vista a la taza de café para ponerle azúcar. Pierdo. Disimulo la derrota pidiéndole si me puede cambiar el vaso de soda por uno de agua.
La imagino con los ojos cerrados y dando un beso francés como la chica de la moto, y pienso si el vendedor de discos la habrá visto en esa situación alguna vez.
Me consuelo pensando que una chica como ella no escucha jazz y que lo nuestro hubiese sido imposible.

(Del proyecto "Sobre bares, cines y sombras")

Mucho más en TONGA RAMONE!

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